Soy Indy y soy testigo del poder del amor. Desde hace dos años estoy fuera de las calles. Ya no tengo que dormir en ninguna cueva, rebuscar en la basura ni notar el dolor en mis huesos por tener que dormir en el hielo.
Soy testigo de que el amor también cambian vidas y puedo decir que, ahora sí, soy afortunado.
Cada día me levantaba a buscarme la vida. El miedo me paralizaba pero el hambre podía más. Así conocí a la primera persona, Juncal, que tuvo el valor de mirar más allá y fue capaz de verme como algo más que un elemento paisajistico.
Día a día, como yo, ella se levantaba a darme de comer. Yo me levantaba por hambre, ella por amor. No se lo puse fácil, nada fácil. Soy difícil para dejarme querer. Pero lo consiguió y cambió mi vida.
Aparecieron en mi vida dos personas más, Fran e Inma. Mi familia de paso, mi primera manada. También se lo puse muy difícil para dejarme querer. Pero ellos también tenían mucho amor y tuve que rendirme a él ( y a los macarrones). Fueron muy importantes en mi vida. Sin ellos todo se hubiera venido abajo.
Además ellos me llevaron a mi verdadero amor. A mi mamá. ¡Por fin podía decir que tenía una! Ella, como yo, también es difícil para dejarse querer pero sé que sonríe cuando por las noches me sorprende mirándola dormir.
Sé que sonríe cuando la despierto de madrugada con mis ronquidos o patadas ( por mucho que se queje).
La he visto agarrarse a mi para dormir y quedarse dormida escuchando mi corazón y me ha abrazado fuerte cuando yo buscaba lo mismo de ella.
Los dos, tan difíciles, tan raros, nos pasamos horas mirándonos a los ojos. Dice que tengo los ojos más expresivos del mundo y yo creo que a ella se le escapa el alma por los suyos.
Desaparecieron de mi cuerpo muchos miedos. Mi mamá me calma constantemente aunque a ella le tiemblen las piernas. Puede estar aterrorizada pero es capaz de enfrentarse a mil demonios si así me pone a salvo.
Creo que somos los miedosos más valientes del mundo.
El amor si salva. Nos salvó a los dos.

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